Nació en 1799 en una ciudad de Inglaterra llamada Lyme Regis. Con solamente unos 12 años de edad, Mary Anning descubrió algo que cambió el destino de su vida inmediatamente. Unos cuantos meses antes, su hermano (cuyo nombre era Joseph) había encontrado el fósil de algo que se asemejaba al cráneo de un cocodrilo, pero su hermana pequeña se mostraba bastante escéptica con ese fósil, y como si de una simple sopa de letras se tratara, estuvo investigando para encontrar la verdad. Joseph no parecía darle mucha importancia a aquel fósil, por lo que dejó a su hermana sóla en la investigación sobre ese supuesto cráneo de cocodrilo. Eso ayudó a que cuando Mary contara solamente 12 años recién cumplidos hubiera recaído en una piedra rara que en realidad sería un fascinante y gran fósil de de hasta 5'2 metros de largo que no se parecía a ningún animal conocido en esos tiempos. Esto sería además un paso de gigante para esta pequeña paleontóloga.
Se contaba el año 1810 en Gran Bretaña, o Inglaterra, una época en la que la teoría creacionista estaba empezando a moverse de un lado a otro frente a nuevas teorías. Sólo hacia un año, en 1809, un tal Lamarck había dado a conocer su teoría evolutiva. El descubrimiento de aquel "monstruo" que encontró aquella niña causó cólera entre los círculos científicos, y en cambio, entre la sociedad inglesa estaba entusiasmada y todo el mundo quería ver el fósil hallado por la niña. Un hombre llamada William Bullock, de profesión naturalista, expuso el fósil en una mansión de Londres de forma que todos lo pudieran ver. Pronto, los geólogos y biólogos de aquellos tiempos empezaron a investigar aquel fósil para saber que era en realidad, así cómo Everard Home, que escribió largos artículos describiendo el aspecto del monstruo en vida: al principio pensaron que era un pez, luego alguien expuso la teoría de que podría ser un antepasado del actual ornitorrinco, e incluso se llegó a creer que podría haber sido una mezcla entre lagartija y salamandra.
Pero lo que en realidad había encontrado Mary Anning era nada menos que una especie de ictiosaurio, un reptil que vivió en el mar durante el periodo que se encontraba entre el Cretáceo y el Triásico (el Jurásico). Su apariencia era similar a la de un delfín. Lo que más apasionaba y apasiona ahora es que el fósil se había encontrado prácticamente completo y estaba en unas condiciones maravillosas, ya que anteriormente se habían encontrado restos de ictiosaurio, pero nunca completos, sólo unos pequeños huesos.
Por aquella hazaña merecedora de los más grandes paleontólogos y buscadores de fósiles, Mary Anning sólo recogió unas 27 libras, sin saberlo, le habían timado, ya que no sabía por cuánto podía vender ese fósil ya que no se le había presentado otra ocasión parecida. Pero algo muchísimo más importante había nacido en el interior de Mary Anning, su vocación como buscadora de fósiles.
Mary procedía de una familia de clase baja, por lo que sumado a que era una mujer, hizo que se le dificultara enormemente su entrada hacia el mundo de la ciencia. La Sociedad Geológica de Londres nunca la admitió, por lo que no pudo formar parte de ella, y además la tomó siempre como si fuera una intrusa. Si hubiera formado parte de esta comunidad científica, probablemente obtendríamos muchísima más información y documentación sobre sus hallazgos fósiles, ya que, en ocasiones, los paleontólogos publican informes a base de los fósiles que ella encontraba sin ni siquiera mencionarla. Uno de los mejores amigos de Mary Anning escribió una vez: "Mary dice que el mundo la ha utilizado hasta la saciedad... estos hombres de ciencia han chupado su cerebro y han sacado un gran partido publicando obras de las cuales ella elaboró los contenidos, recibiendo nada a cambio."

Lo más curioso de Mary Anning era su educación autodidacta: diseccionaba peces y sepias para compararlos con los fósiles que hallaba y se leía rápidamente cualquier libro de paleontología que pasara a través de sus ojos. Todo ello consolidó el papel de Anning como una de las más grandes expertas en la materia. De hecho, años antes de haber fundado su tienda de fósiles, ya había realizado muchos otros grandes hallazgos. Incluso estaría bien decir que, desde el hallazgo del ictiosaurio, Mary no paró jamás de encontrar más fósiles nuevos.

Un geólogo llamado William Daniel Conybeare escribió el artículo más importante sobre este animal y le dio su nombre, pero en ningún momento mencionó a Mary Anning como la descubridora del fosil. Esta no es más que una de las numerosas muestras de desprecio que sufrió la paleontóloga a lo largo de su historia.
Pero sus descubrimientos también generaban desconfianza. El naturalista Georges Cuvier, que era una de las mayores autoridades en el campo de la anatomía comparada, dudó de la veracidad del fósil y se dispuso a examinarlo por sí mismo para comprobar si era una copia o algo parecido. Yes que, el enorme cuello del plesiosaurio tenía unas 35 vértebras, lo que extrañó al naturalista, que pensó que el cuello podría ser una mezcla de varias vértebras de animales. Sin embargo, con la ayuda de la Sociedad Geológica de Londres llegó a la conclusión que era un fósil verdadero, incluso reconoció que se había equivocado.
Pero la importancia de Mary Anning en la historia de la ciencia va mucho más allá que el simple descubrimiento de unas simples especies: sus pruebas paleontológicas aportaron uno de los mayores apoyos a la teoría de la extinción de las especies, un elemento indispensable para la teoría de la evolución. Aunque científicos como Cuvier ya habían expuesto que ciertos mamíferos como el Mamut habían desparecido, muchos otros pensaban que esos animales seguían existiendo en zonas inexploradas del planeta. Sin embargo, cuando Mary llegó con aquellos raros fósiles nadie se atrevió a dudar que podrían seguir existiendo.
También fue una de las fundadoras de la ciencia geológica que hoy en día conocemos con la palabra paleontología, demostrando que se podía estudiar la historia de los seres vivos mediante fósiles. El análisi de la cronología de la Tierra a partir de pruebas fósiles sufrió un momento de auge gracias a muchos de sus descubrimientos.
Enlace directo: http://www.jlgdinosauriomania.blogspot.com.es/2013/11/tiempo-geologico.html

A los 47 años de edad murió desgraciadamente afectada por cáncer de mama, dejando tras de sí un legado inolvidable. Tras su muerte, numerosas obras se realizaron en su honor. Incluso la Sociedad Geológica de Londres le dedicó un homenaje que nunca antes se había hecho a nadie antes que no fuera de la sociedad, y menos a una mujer.
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